El modelo laboral actual, fruto de la peor manera de entender la globalización, se está caracterizando por una pérdida contínua de los derechos de los trabajadores obtenidos como el resultado de decenas de años de lucha. La culminación de esas luchas fue, al final de la II Guerra Mundial, la instauración en Europa de lo que se conoce como el "estado del bienestar" y que tiene como común denominador el cubrir, de una u otra manera, necesidades básicas como la sanidad, la educación, el disfrute de tiempos de descanso retribuido y jornadas máximas regladas. Bien es cierto que esta situación se ha circunscrito al ámbito europeo sin que por ello los trabajadores de países como USA no hayan accedido, dentro de unas pautas culturales diferentes a las europeas, a beneficios que propiciaron su instalación en una situación de bienestar económico y social nunca antes alcanzada.